Inna Payán y Marina de Tavira reciben un homenaje en el GIFF por sus trayectorias
Por: Redacción
31 Jul, 2026
De las mujeres nace la fuerza, y en el séptimo arte… ¡más! Por lo que la Asociación de Mujeres en el Cine y la Televisión y el Festival Internacional de Cine Guanajuato (GIFF) se unieron nuevamente en esta edición 29 para rendir un merecido homenaje a la prolífica trayectoria de la productora Inna Payán y a la sólida carrera de la talentosa actriz Marina de Tavira.
En la ceremonia con lugar en el Teatro Rodolfo Fernández del Instituto Allende, ambas figuras sin igual recibieron la Musa de la Asociación de Mujeres en el Cine y la Televisión y la Cruz de Plata de Más Cine del GIFF en reconocimiento a su promoción y visibilización de las mujeres en la cinematografía nacional.
Con la presencia de Sarah Hoch, directora general del GIFF, y Rossana Barro, presidenta de la Asociación de Mujeres en el Cine y la Televisión, Inna Payán subió al escenario primero para agradecer estas distinciones, que también han recibido otras personalidades como Silvia Pinal y Blanca Guerra. Posteriormente, Marina de Tavira haría lo propio ante los asistentes.
“Cuando recibí la noticia de este reconocimiento, me tomó completamente por sorpresa. Mi vida como actriz ha transcurrido principalmente sobre los escenarios teatrales. Es ahí donde he pasado la mayor parte de las horas, de mis días, los últimos 30 años. Sin embargo, el cine, aunque más intermitente en mi vida, me ha regalado sorpresas siempre inimaginables para la joven que fui y que un día decidió que quería ser actriz”, expresó Marina de Tavira con felicidad.
“Nuestro quehacer tanto en el teatro como en el cine o la televisión siempre es colectivo. Por eso un reconocimiento como este nunca es individual. Detrás de cada personaje y de cada escena capturada está el trabajo de muchas y de muchos. Quiero dedicar este reconocimiento a todas las personas con las que he trabajado, pero especialmente hoy a las mujeres", continuó la artista.
"No es secreto el trabajo que ha costado y todo lo que debemos a las pioneras para que el cine hecho por mujeres tenga mayor visibilidad. Tampoco es secreto que año con año cobra mayor relevancia. Aunque, como decía Sarah Hoch, aspiramos a un mundo en donde no haya que pelearlo ni subrayarlo, sino a un mundo en el que nuestras miradas se encuentren y dialoguen intentando construir una mejor realidad para todas y para todos”.
Mujeres en el Cine y la Televisión es una asociación civil surgida formalmente en 2002, cuya misión es visibilizar la labor de todas las mujeres que trabajan en la industria audiovisual en México, así como crear un espacio seguro, de convivencia sorora y libre de violencia para su desempeño en la industria desde los procesos creativos hasta en la distribución y comercialización.

Inna Payán: comprometida con las causas sociales
Previo a recibir la Musa de la Asociación de Mujeres en el Cine y la Televisión, así como el galardón de Plata de Más Cine del GIFF, la productora se presentó en conferencia magistral, donde compartió con el público su interés perpetuo por impulsar historias “que gritan”, es decir, que luchan y tienen que decir algo a la sociedad.
Formada como comunicóloga en la UAM Xochimilco y como fotógrafa en la Escuela Activa, Inna Payán recordó que jamás pensó que su carrera se encauzaría por el mundo de la cinematografía, pero reconoció que “una vez que tocas el cine no lo puedes soltar”.
Al zanjar este camino –que inició con Sexo, pudor y lágrimas (1999) hasta tomar la cabeza de una producción con La habitación azul (2002) y seguir liderando– dijo haber recogido muchos aprendizajes; algunos de ellos, no salir a rodar sin tener el financiamiento completo y hacer las cosas “conforme a la ley”.
En su extenso currículum ha sumado colaboraciones con cineastas de renombre como Everardo González, Diego Luna y David Pablos. Sin embargo, aceptó mantener una inclinación por las producciones noveles, razón por la que ha decidido ser parte de filmaciones como La jaula de oro (2013), pues considera que “las revoluciones las hacen los jóvenes”.
“La verdad es que también el universo audiovisual está también cada vez más polifacético y plural. Yo creo que hay muchas ventanas ahora y, bueno, me encantaría entender lo que está sucediendo, por qué los jóvenes ya están en otra forma de comunicar y de hacer contenidos y nosotros seguimos pensando en la pureza de algunas cosas. Creo que hay que acoplarse y ver cómo está el mundo, cómo comunicar”, expresó Inna Payán.
“Hay algo ahí en la juventud que tienen muchas cosas que decir y qué explorar; en ese sentido me encanta por eso trabajar con los jóvenes, trabajar con las primeras películas. A veces me pasa que llega una ópera prima y lo quieren decir todo, quieren ahí ponerlo todo, y a veces todo también descompone la obra. Los ayudo mucho a buscar la posibilidad de decir lo que lo que a la obra le hace bien”, añadió.
También ha estado detrás de éxitos comerciales como High School Musical: El Desafío (2008) y Cansada de besar sapos (2005), al igual que de series de televisión como Las 13 esposas de Wilson Fernández (2017) y Mi lista de exes (2018). No obstante, recalcó que “todos los temas que tienen que ver con sociales, con violencia de género, me interesan muchísimo”.
Por ello, el documental de igual manera está muy presente en su carrera y hasta fue ella quien le pidió a Everardo González trabajar con él. “Como lo decía al inicio, como películas que griten, que nos dejen pensando. Digo, porque uno ve las noticias todos los días, todos los santos días, pero de repente cuando haces una película como La jaula de oro y ves a estos tres chiquitos andando por un país también muy adverso como el nuestro, quizás te llega más que estar viendo todo el tiempo la ‘matacinga’, que es muy preocupante, sin duda. Pero hay algo en la cinematografía que, cuando la puedes contar con poesía y con mucho cuidado, siento que hace un eco que sirve de alguna manera a tomar conciencia”.

Marina de Tavira: Entregada al teatro y el cine
Más tarde, Marina de Tavira tomaría el escenario para repasar los momentos personales y profesionales que la han marcado a lo largo de su vida, tomando como punto de partida su principal escuela de formación, el teatro, y pasando en un recorrido con saltos en el tiempo hacia su actuar en el ámbito cinematográfico.
Alumna de Luis de Tavira –eminencia en las tablas–, Marina construyó su carrera con rigor escénico. Desde los cinco años se enamoró de este arte cuando vio la puesta en escena La honesta persona de Sechuán, bajo la dirección de su tío y con la primera actriz Rosa María Bianchi. Desde ahí supo que sucedía algo de lo que quería formar parte. Incluso desde sus emociones, tal como contó al director de cine y teatro Diego del Río:
“Estoy convencida que si bien muchas veces el cuerpo físico resiente el cansancio o el desgaste emocional, el alma no [...] El dolor es una paradoja porque todo en la actuación es paradójico. El dolor más grande para el personaje, si lo tocas como actor o como actriz, es gozo y placer”.
La actriz de películas como Roma (2018) y Latido (2023) dijo que su camino hacia la pantalla grande inició como el de muchas otras personas: uniéndose a alumnos del CCC (Centro de Capacitación Cinematográfica) y del CUEC (Centro Universitario de Estudios Cinematográficos) en filmaciones. Y aunque recuerda con humor tres ocasiones en que participó en películas y sus escenas no llegaron al corte final, confesó que eso la hizo preguntarse si el cine era para ella. Por fortuna, pronto entendió que “eso pasa” y su primer largometraje, Hijas de su madre: Las Buenrostro (2005), lo realizó con la directora Busi Cortés.
“No sé si tiene que ver con la formación teatral, pero estoy más [atenta] a la dirección y lo que la directora o el director esté diciendo que a todo lo del entorno, lo demás. Es como si me aislara y no estuviera tan pendiente de todo lo técnico. Por ejemplo, nunca, a mí jamás se me ocurriría ir a revisar el monitor, jamás. Yo siento que si me veo, ya inmediatamente voy a estar pensando en otra cosa. Entonces, pensar en lo técnico me es más difícil”, admitió.
Marina de Tavira cerró su conferencia –antes de preguntas y respuestas del público– con una regla de oro de la actuación: “Una función o una escena puede estar yendo mal, pero nunca puedes renunciar ni hasta en el último minuto; siempre tienes que pensar que se va a poder, que va a suceder, porque tirar la toalla es lo único que no se puede, que no se vale en el escenario o después de la acción. Siempre tiene que estar toda la voluntad de que suceda”.

Boletín e imágenes: Margarita Ortega RP & Press
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